El viernes 13 de marzo viví un momento que no planeé… y que, sin embargo, se sintió completamente alineado.
Y aquí surge otro momento de introspección mientras escribo esto porque crecí con la creencia arraigada de que había qué temer incluso a ciertas fechas. Una de ellas el viernes 13. Mi creencia era que un viernes 13 tenía que ver con negatividad, mala suerte, etc. Pero mi alma hoy vibra diferente y he aquí una prueba, ya que en este momento hablo de un viernes 13 alineado con lo que mi alma ha recordado.
Fui al final de una reunión de Al-Anon con una intención muy simple: mostrar mi libro. Mi libro forma parte de lo que en su momento compartí con el grupo en el tiempo en el que asistía a las reuniones, por lo que era algo intencional e importante para mí. Sabía que hacerlo durante la reunión no era apropiado, así que esperé hasta el final.
No iba con expectativas, no iba con un plan. Solo con la intención de convivir y compartir.
Al final de la reunión me presenté porque no todos me conocían y compartí un poco del tiempo cuando asistía a las reuniones y un poco acerca del camino que me llevó a escribir el libro.
Sin haberlo planeado, ese momento se convirtió en mi primera firma de libros.
Firmé siete libros.
Siete.
No hubo anuncio.
No hubo preparación.
No hubo estrategia.
Solo presencia.
Solo autenticidad.
Solo deseo de compartir.
Y en ese espacio tan sencillo, tan humano… algo dentro de mí reconoció que esto es real. Que este camino ya
comenzó.
No desde la perfección.
No desde la planificación.
Sino desde la conexión.
Ese momento no solo fue especial por lo que ocurrió afuera…
sino por lo que se movió dentro de mí.
Porque por primera vez, no dudé.
No me cuestioné.
No me escondí.
Solo estuve ahí.
Y eso para mí, lo cambia todo.
Lo que sucedió ese día no fue solo sobre firmar libros.
Fuer una confirmación silenciosa de que el camino ya estoy en el camino… y de que estoy lista para recorrerlo.
Con amor,
Elodia

